jueves, 04 de junio de 2009

La sociología en México

DEL LIDERAZGO CARISMÁTICO A LA FORMACION DEL ESTADO POSREVOLUCIONARIO EN MÉXICO

En México la formación del poder político ha sido un proceso en el que han intervenido una serie de personajes cuya figura ha sido decisiva para tal proceso, y son esas figuras, en concreto Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, sobre quienes se centrará éste ensayo.

Durante el proceso revolucionario de 1910 México, que durante la dictadura de Porfirio Díaz se había mantenido en relativa calma gracias al poder centralizado de Díaz, se fragmenta en una serie regiones sobre las cuales un hombre o un grupo de hombres mantienen el poder. Estos caudillos regionales organizaran a las masas sobre las que ejercen poder, con el fin de hacer extensivo éste poder a otras regiones, e incluso, como en el caso de Venustiano Carranza, a todo el país mediante la instauración de un Estado-Nacional.

Aunque este era el objetivo, no significa que con la promulgación de la Constitución, y el supuesto término de la revolución, el poder político hubiese estado consolidado, por el contrario, aún persistían los caudillos locales quienes únicamente buscaban su beneficio personal.

Con la llegada de Álvaro Obregón al poder, estas rivalidades y conflictos surgidos entre los caudillos disminuyeron, pues veían en Obregón una figura con autoridad, puesto que éste había participado en el proceso revolucionario desde sus inicios, y había derrotado a aquellos opositores del movimiento. Así pues, podemos afirmar que los diversos grupos antagónicos que aún persistían, veían en Obregón, una figura


predestinada a ser guía de los hombres, en quienes la obediencia no se debe precisamente a la costumbre o norma legal establecida, sino a la fe puesta en él quien, de no resultar un ser miserable, efímero y jactanciosos “vive para su obra” y es su persona y son sus cualidades intrínsecas las que atraen al conjunto de discípulos, al séquito o al partido (Weber, 1997: 9)


Esta es la razón de que grupos con intereses opuestos, que no podían ponerse de acuerdo en nada, aceptaran como máxima autoridad a un hombre a quien no lo amparaba ningún poder legal o tradicional. La preeminencia de una figura como la de Obregón, también se debía a que la mayoría de los políticos aceptaban como una necesidad “la necesidad de un gobierno fuerte” (Córdova, 2002:22) para lograr unificar a las diversas fuerzas que asolaban al país a la menor provocación y que impedían la estabilidad necesaria para el desarrollo del país.

Este autoritarismo cobraría una fuerza que nadie pudo prever sobre todo con Calles, sin embargo como los explica Arnaldo Córdova


el poder personal estaba jugando entonces el papel de verdadero aglutinador de las diferentes fuerzas sociales y con ello cavaba su propia tumba: todo lo que tenía de arbitrario, espontáneo e imprevisto y que contribuía a definir la política mexicana como relación entre grupos de políticos sin arraigo social o entre caudillos facciosos, iba a convertirse en verdadero contrato social, generalizado a partir de los grupos que se empezaban a combinar en el poder y aceptado, de grado o por fuerza, de todos los mexicanos. (Córdova, 2002: 23)


En esta larga cita Arnaldo Córdova destaca la importancia del grupo Sonora para lograr la centralización del poder, pese a que lo describe como arbitrario, espontáneo e imprevisto. Tal arbitrariedad era una condición obligada en un país que había destruido al poder político anterior y a todas sus instituciones, a través del uso de las armas.

Con Calles también se encuentra presente la autoridad carismática, pero además de ser un caudillo de la revolución, Calles era también uno de los hombres de Obregón. El que fuera uno de los allegados al poder era también un requerimiento para su encumbramiento, pues así el máximo caudillo, que para ese momento era Obregón conseguiría mantenerse en el poder, pues Calles realizaría las reformas constitucionales necesarias para que aquel pudiera reelegirse. Lamentablemente para Obregón, es asesinado en junio de1928, a sólo unos cuantos meses antes de asumir la presidencia por segunda ocasión.

Con el asesinato de Obregón, Calles se queda como la figura máxima de poder, el problema era que al ser un hombre subordinado a Obregón, no contaba con el apoyo de todos los grupos de poder regionales, sobre todo porque muchos lo culparon de ser el autor intelectual del asesinato del caudillo. Como consecuencia de esto, Calles coloca en el poder a un hombre que es aceptado por la mayoría de los grupos, Emilio Portes Gil, quien funge como presidente interino de 1928 a 1930. Mientras Portes Gil intenta arreglar los grandes problemas sociales (la guerra cristera) y económicos (la gran depresión del 29), Calles se dedica a tratar de convencer a los distintos grupos de poder


sobre la necesidad de crear un organismo de carácter político, en el cual se fusionen todos los elementos revolucionarios que sinceramente deseen el cumplimiento de un programa y el ejercicio de la democracia… la organización de un partido de carácter nacional servirá para constituir un frente revolucionario ante el cual se estrellen los intentos de la reacción. (Córdova, 2002: 37-38)


de esta declaración de Calles se puede observar que la creación de un partido nacional implicaba la centralización de los recursos que detentaban los distintos poderes regionales, incluido el uso de la fuerza, pues al autodeclararse como los verdaderos revolucionarios todos aquellos que se integren al partido, Calles autoriza la represión contra todos aquellos que no acepten integrarse al partido.

Weber menciona que para la formación del Estado moderno el príncipe, o en este caso el caudillo, requiere de la expropiación de los medios materiales con que cuentan los poderes regionales, sean estos administrativos o bélicos. De tal forma que la posesión de tales medios quede separada de aquellos quienes los administran, sean estos funcionarios, empleados u obreros, y pasen a formar parte exclusiva del príncipe o caudillo. Entonces, el Estado moderno se caracteriza, según Weber, por ser


una unidad de dominación, de índole institucional, cuyos fines, con éxito en los resultados, han sido monopolizar como medio de dominación, la legítima violencia física dentro de su territorio, para lo cual ha reunido todos los elementos materiales a disposición de su dirigente, expropiando a todos los funcionarios estamentales que por derecho propio disponían de ellos y substituyéndolos con sus propias superioridades jerárquicas. (Weber, 1997: 12)


Esto es precisamente lo que buscaba Calles al formar el PNR, despojar a los poderes locales de sus medios, para centralizarlos bajo su poder, y así, si alguien quería formar parte del cuadro burocrático del partido, debía antes ser admitido en la gracia de Calles.

Pese a que con la creación del PNR, se da un enorme paso hacia la centralización del poder en un organismo rígidamente organizado, el poder aún continuaba en manos de Calles y no del aparato en sí, y no será hasta que Lázaro Cárdenas expuse a éste del país, que el partido cobrará la preeminencia en la repartición dentro de la repartición de los cargos políticos, y no la figura del caudillo. Es decir, es con Lázaro Cárdenas con quien de verdad se inicia la era de las instituciones o corporaciones.


Cárdenas heredó a sus predecesores una organización política perfeccionada institucionalmente, en la que el caudillismo y el poder personal habían encontrado definitivamente su tumba. (Córdova, 2002: 44)


Aunque la figura máxima continuó siendo la del presidente, ya no dependía de la persona quien estuviera en el cargo, sino del cargo institucional mismo, quien llegaba a tal cargo, se debía a su obediencia al las reglas del partido, y aunque por un breve período detentara el máximo poder, sabía que al concluir su período debía despedirse de él, para cedérselo a otro político.

Este autoritarismo encuentra se apoyo dentro de todos los sectores sociales, pues estos, mediante la creación de una serie de organismos, han sido integrados al partido. Todos los intereses confluyen en el partido porque el partido, mediante la autoridad del presidente lo puede todo, y lo puede todo, precisamente porque dicho cargo ha sido investido con una serie de atribuciones que lo hacen omnipotente, el presidente lo puede todo, y esto es así, porque todo ha quedado bajo su jurisdicción, el presidente deviene en una institución.

Así pues, si el partido había integrado a todos los sectores, no había demanda que no quedara incluida dentro de su programa político, lo cual no significaba que estas fueran resueltas en lo inmediato, pero se esperaba que así sucediera en un futuro cercano.

La creación de todo un aparato burocrático permitía el control de las masas, puesto que “la negociación de las demandas se llevaba a cabo al nivel de dirigentes y sin saltas por ningún concepto los marcos institucionales (Córdova, 2002: 43).

El perfeccionamiento del aparato de Estado llega a tal nivel que el poder detentado por éste, se extiende durante 70 años, y aunque en el transcurso de este tiempo, surgieron una serie de dificultades sociales y políticas, nunca fueron lo suficientemente graves como para poner en peligro la estabilidad lograda por el partido.

La estabilidad se debía, además de a la creación de todo un sistema legal que determinaba de forma precisa el acceso a los cargos políticos mezclada con el sistema de compadrazgo y servilismo político, a la aplicación de medidas represoras hacia aquellos movimientos que cuestionaran al sistema. El ejército junto con el presidente representaban las dos figuras institucionales más veneradas por todo el sistema, pues el primero es en los hechos, la verdadera institución sobre la que descansa el régimen.


Tags: sociología

Publicado por Acoa78 @ 21:02 | 0 Comentarios | Enviar

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